Comunidad Religiosa

Historia de la Congregación de las Religiosas Misioneras de Santo Domingo en Chile:

“Nuestra misión es ser portadoras de la palabra y mensajeras de la verdad”

La congregación de Religiosas Misioneras de Santo Domingo es un grupo femenino que forma parte de la gran Familia Dominicana, la cual se encuentra en diversos continentes.

A través de una delegación, la Orden Dominicana ha estado presente en Chile desde mediados del siglo XVI. Es gracias a ella y a la solicitud del padre Manuel Ferrero que en mayo de 1970 nuestro Instituto llega a Chile. Nuestros inicios estuvieron marcados por una corta estadía en el sur, en el pueblito de Frutillar Alto (X región). Luego vino la fundación de una comunidad en Santiago de Chile, en la Escuela de Santa Teresita, en donde durante años trabajaron como profesoras y en la pastoral del colegio.
Actualmente cuentan en Chile con tres comunidades: Casa de Formación Nuestra Señora de la Anunciación  en Santiago (Recoleta), comunidad Santo Domingo de Guzmán en la parroquia del mismo nombre en la ciudad de Chillán y Comunidad del Colegio santa Inés en San Vicente de Tagua Tagua.

“Como Religiosas Misioneras de Santo Domingo seguimos a Jesús, según el modo ideado por Domingo de Guzmán: entregando la vida como consagradas, escuchando y acogiendo la palabra que queremos anunciar, viviendo en comunidad multicultural, anunciando el Evangelio hasta los confines del mundo, estando disponibles para ser enviadas y poner nuestra tienda en cualquier lugar del mundo”, dicen en la congregación.

LA CONGREGACIÓN EN EL MUNDO

Santo Domingo de Guzmán, nacido en Caleruega, Burgos, en el año 1170, fue un hombre marcado por la luz. Su misión es dar luz por todo el mundo, anunciando la Palabra de Dios través de la predicación. Domingo predicaba incesantemente. Su pasión era predicar a Jesucristo para la salvación universal. En 1215 estableció en Toulouse, Francia, la primera casa de la naciente Orden de Predicadores y el mismo año fue a Roma para solicitar del Papa la aprobación de la misma, aprobación que se llevó a efecto el 22 de diciembre de 1216 por el Papa Honorio III.

El carisma fundacional de Domingo es “la salvación de las almas por medio de la predicación”. Domingo es el hombre que predica, fundamentando su predicación en la oración y la experiencia contemplativa, el estudio como búsqueda de la verdad, la pobreza evangélica, la solidaridad con los pobres y la vida comunitaria.

Una estrella acompañó a Domingo a lo largo de su vida y con él formó la gran constelación de la Orden de Predicadores, con un estilo de vida que imita al de los apóstoles. Ello es con personas consagradas de lleno a la proclamación de la Buena Nueva del Reino, que tienen como eje de su vida la oración y el estudio, siempre con la mirada puesta en el servicio evangelizador.

En la segunda mitad del siglo XV se abrió un nuevo campo: la Misión del Extremo Oriente a la que dan respuesta un grupo de predicadores con el deseo de que la “luz” llegue a todos los hombres, formándose así la Provincia del Santo Rosario, para la misión de los no creyentes en el extremo oriente.

Los misioneros dominicos se extendieron desde Filipinas por Japón, China, Formosa, hoy Taiwan y Vietnam.

Bajo esta necesidad misionera surgió otra pequeña constelación: la Congregación de Religiosas Misioneras de Santo Domingo, con un carisma específicamente misionero, fundamentalmente entre los no creyentes. En 1887 comienza la andadura de la Congregación entre muchas dificultades y avatares, siempre al amparo de la Provincia del Rosario, mientras que en 1891 se consolida lo que había comenzado como un proyecto de fundación. El inicio fue de ser misioneras para Oriente, específicamente para ir a China a trabajar a lo que en aquel tiempo se llama las Santas Infancias, las niñas abandonadas. La semilla sembrada en Ocaña, España, para la misión de Oriente, por los Dominicos de la Provincia del Rosario, ha dado sus frutos germinando en un frondoso árbol que creció a pesar de los contratiempos y que gracias a esas dificultadesahondómásenbúsquedade firmeza. Así el árbol de la Congregación germinó en renuevos de apostolado. Hoy su presencia está en España, Portugal, Italia, Filipinas, Japón, Corea, Tailandia, Camboya, Myanmar, Vietnam, Taiwán, Estados Unidos y Chile.